Alguien me contó esta historia hace tantos años, que puedo haber omitido algun detalle.
Dos pintores famosos se disputaban quien pintaba mejor, acordaron pintar un cuadro cada uno y nombraron un jurado de otra población para que fuera imparcial.
Pasados
varios días se reunieron todos para ver los cuadros, uno de los pintores les
dijo que su cuadro lo había puesto en el balcón de su casa y lo podían ver
desde la calle.
Había
pintado un racimo de uvas tan perfecto que iban las aves a picotearlo, el
jurado quedó asombrado, decían que aquello era imposible de superar.
A
continuación fueron a ver el cuadro del otro pintor, había pintado un frutero
con naranjas y manzanas tapado con un velo
transparente, parecía tan autentico, que el pintor del racimo de uvas no se resistió a
intentar retirar el velo que cubría la pintura, acción
que le costo perder la disputa.