"Cómo
han cambiado los tiempos. Aún recuerdo aquellos días de San Valentín en los
que, tras un detalle especial, la noche culminaba en un salón de fiestas,
cenando y bailando al compás de una orquesta. Hoy, esos mismos espacios —ahora
con estética de discoteca— se llenan de jóvenes que saltan y gritan bajo luces
de neón.
Es su
modo de diversión y no hay nada que objetar, pero es innegable que todo es
distinto. El compromiso parece haber pasado de moda: hoy se rehúye de las
parejas estables y la idea de formar una familia es casi un tabú. Incluso el
romanticismo ha mutado; aquel primer beso 'robado', que antes era el inicio de
una historia, hoy se lee bajo una lupa muy distinta. Es, simplemente, otra
época."