miércoles, 18 de abril de 2018

Cines

El cine ha sido siempre un lugar de distracción donde pasamos hora y media evadidos de nuestra vida cotidiana.

Cuando voy por el centro de la ciudad, siento un poco de nostalgia, viendo que la mayoría de las  clásicas salas de cine  han desaparecido o las han convertido en  pequeñas salas.

No tengo nada contra los minicines, son cómodos, tienen excelente sonido y las películas actuales buena calidad de imagen, pero da un poco de pena ver como han ido desapareciendo aquellos enormes cines del centro de la ciudad.
Recuerdo también aquellos cines con una gran pantalla, curva en los extremos, donde veíamos aquellas superproducciones filmadas en Cinerama, El Real Cinema era uno de ellos.

El cine ha evolucionado mucho desde aquellos años cuando las cintas eran salvajemente mutiladas por la censura, algunas incluso prohibidas, las películas eran clasificadas, para todos los públicos, para mayores y para mayores con reparos, que tiempos aquellos, si los censores levantaran la cabeza.

Hoy la mayoría de las películas las realizan en tiempo record, con  muchos efectos especiales incluyendo la ayuda de las nuevas tecnologías y la mayoría con presupuestos mas reducidos. Atrás quedaron aquellas contrataciones de cientos de extras para los grandes rodajes.

Otro asunto que está en discordia es el precio de las entradas, antiguamente los cines de estreno eran un poco mas caros, pero los que teníamos menos recursos,  veíamos los estrenos unos meses mas tarde en los cines de sesión doble  por un módico precio, estos cines estaban generalmente en la periferia, eran casi el único lugar  donde  los novios se daban una pequeña alegría en las filas traseras, cuando ni siquiera en los bailes estaba bien visto “bailar pegados”.

 En cuanto al precio, en los años sesenta los estrenos costaban unas 30 pesetas, los de sesión continua menos de la mitad. Hoy el precio del cine es un poco elevado, creo que aunque se produzca la bajada del iva tan reclamada,  me temo que los espectadores seguiremos pagando lo mismo.

martes, 3 de abril de 2018

Domiciano.



En un pequeño pueblo castellano nacía Domiciano, era el año 1916, (unos tiempos difíciles en la España profunda),  apenas tuvo infancia, a los seis años  ayudaba a su padre en las labores del campo.

Cumplidos los 15, Domiciano comenzó a asistir a  clase nocturna para  mayores, lo hizo durante ocho meses, donde aprendió básicamente a leer y  escribir, esos fueron todos sus estudios.

Pocos años después se incorporó al servicio militar donde permaneció tres largos años, una vez licenciado regresó al pueblo, situación que solo le duró un mes, pues había comenzado la guerra civil y nuevamente fue militarizado, permaneciendo en la guerra  otros tres años.

Terminada la guerra volvió al pueblo a su trabajo, que consistía en una pequeña huerta abandonada y unas gallinas que cuidaba su madre, su padre había fallecido mientras él estaba en el frente

Los años siguientes fueron durísimos para Domiciano, consiguió comprar cuatro ovejas con un dinero que le prestó su tío Arcadio.
Con  las gallinas y algún trueque con la leche  de las ovejas, él y su madre consiguieron una precaria subsistencia.

Dos años después, la situación había mejorado un poco y entabló relación con Dolores, una joven del pueblo que conocía desde la niñez. Pocos meses de relación fueron suficientes, se casaron en la iglesia, pero no hicieron ninguna celebración, aun escaseaban todo tipo de alimentos.

Domiciano y Dolores tuvieron cuatro hijos que ya fueron a la escuela,  el mayor a los doce años  fue a trabajar a la ciudad, a los 23 emigró a Alemania, lo mismo que hicieron unos años después  dos de sus hermanos, el mas pequeño fue a trabajar a Barcelona.

Domiciano y Dolores permanecieron en el pueblo toda su vida, nunca conocieron el mar, ni  siquiera una capital de provincia, ni un cine o teatro, nunca tuvieron luz eléctrica ni agua corriente, era un pueblo que en los años cincuenta solo habitaban doce vecinos, hace ya bastantes años que esta totalmente abandonado y derruido.

Aunque no han pasado tantos años, nos parece que fue un  tiempo muy lejano, cuando nuestros padres y abuelos pasaron todo tipo de penurias. Hoy nuestra calidad de vida es infinitamente superior, sin embargo nos quejamos de casi todo,  los sueldos, las pensiones, la sanidad o la educación; además los políticos en discordia continuada con grescas, ofensas y calumnias en los parlamentos y en muchos casos, creando enemistad y mal ambiente entre los ciudadanos.

jueves, 15 de marzo de 2018

El teléfono, ayer y hoy




Que lejos quedan los teléfonos públicos, las nuevas tecnologías han acabado con casi todas las cabinas telefónicas de nuestras calles, recuerdo que era bastante frecuente que cuando mas los necesitábamos, o no funcionaban o se habían llevado el auricular.

Gracias a las nuevas tecnologías podemos comunicarnos con rapidez, en cualquier momento y lugar. La telefonía  móvil de última generación, ha revolucionado nuestra vida de un modo inimaginable hace pocos años.

Nos sirven para nuestra vida privada y para el desarrollo de nuestras profesiones, también para tener en el bolso un medio de gran utilidad ante posibles emergencias, es una herramienta que nos permite hacer consultas, localizaciones o buscar insitu cualquier cosa que necesitemos, además  nos permiten hacer fotos o tomar vídeos en alta definición.

También tienen sus inconvenientes como el abuso de su utilización, vemos frecuentemente a jóvenes y menos jóvenes en cualquier lugar, manejando los nuevos artilugios que manipulan con mayor o menor destreza, sin preocuparse de  amigos o familiares cuando los tienen al lado.
Otros caminan por las calles abstraídos leyendo o escribiendo, sin percatarse de los peligros que les acechan. Y quizás lo mas grave, niños de diez o doce años  manipulando estos aparatos, comunicándose en redes sociales o visitando páginas de todo tipo y contenido.

Todos deberíamos aprender a manejar las nuevas tecnologías, pero no debemos olvidar que son un medio de ayuda,  nunca para ser esclavos de esos aparatos.