La mayoría de los
mayores de cuarenta años recordamos las acampadas del 15M. Fueron tiempos
difíciles, provocados por una profunda crisis bancaria e inmobiliaria que
disparó el desempleo hasta un 27 %.
En aquella
protesta inicial participaban jóvenes indignados de muy diversas ideologías.
Sin embargo, con el paso de los días, el movimiento pasó a estar dominado por
la izquierda y la extrema izquierda. Varios de esos jóvenes dieron el salto a
la política de primer nivel con un ascenso meteórico, aunque acabaron
fracasando en pocos años.
Estos días se
repiten las acampadas en varias ciudades, motivadas en esta ocasión por el
encarecimiento de la vivienda, tanto en compra como en alquiler. La realidad es
que la mayoría de los jóvenes, aun teniendo empleo, no pueden acceder a ellas.
Desde la crisis de
2010 ningún político ha afrontado verdaderamente el problema. Hoy en día,
cualquier ley resulta insuficiente: se necesitarían al menos 500.000 nuevas
viviendas, pero sabemos que su construcción requeriría cerca de una década.
En mi opinión,
este conflicto no se va a solucionar con leyes precipitadas ni medidas
aprobadas a toda prisa frente a la oposición a causa de una convocatoria
electoral imprevista.