Hacia
treinta años que jugaba a la lotería,
nunca había tenido un premio importante, pero no desistía.
Siempre
jugaba el mismo numero que tenía memorizado como algo propio, algunas veces
soñaba con el, los domingos por la
mañana lo primero que miraba en la prensa era la página de los sorteos.
Aquel
domingo después de comprobar el número se quedó inmóvil, no se lo podía creer,
los cinco números que tenía en su memoria estaban allí plasmados en aquel
diario.
Fueron
16 millones de pesetas, una verdadera fortuna en aquellos años, la mayor parte
los empleó en la compra de tres pisos en la ciudad y vehículo de alta gama. Solo le faltaban tres años para la jubilación y decidió tomárselos
sabáticos.
Como
tenía mucho tiempo libre, dinero fácil y un vehículo que pocos trabajadores se
podían permitir, comenzó a dilapidar su fortuna, salía casi todas las noches en
busca de nuevas aventuras, llegando a tener una vida totalmente desordenada.
No
había transcurrido mucho tiempo cuando ya
estaba divorciado, pocos años después se encontraba en un estado
lamentable, como consecuencia de la ingesta diaria de gran cantidad de alcohol.
Después
de dilapidar todo el dinero, sufrió la experiencia de vivir en la calle y
mendigar para comprar bebida. Un buen día una persona que pasaba todos los días
junto a el, le hizo saber que muy cerca
de allí había un centro donde le podían ayudar.
Con una enorme tristeza relataba
esta historia en una rueda de compañeros del centro de rehabilitación de alcohólicos, les decía que había tenido una buena vida hasta que
recibió aquel premio maldito. Su historia era una de las muchas que se escuchaban a diario en aquel lugar.