Ya han pasado 15
años desde el estallido juvenil del 15M. Un movimiento que nació como respuesta
a la crisis bancaria e inmobiliaria y por la incapacidad de un gobierno que no
supo gestionarla. A través de las redes sociales, miles de
"indignados" comenzaron a organizarse y a tomar lugares estratégicos de las ciudades.
De aquellas plazas
emergió un núcleo de jóvenes de extrema izquierda que logró canalizar el
descontento en un nuevo partido político. Su ascenso fue meteórico, logrando
una representación crucial en los parlamentos e incluso alcanzando el Gobierno
de la nación. No obstante, la mala gestión, la progresiva radicalización y los
errores internos de sus dirigentes terminaron por arrastrar la formación hacia
la irrelevancia.
Tres lustros
después, el panorama para la juventud es aún más desolador. El acceso a la
vivienda sigue vetado, la inflación devora el poder adquisitivo y la clase
media está en vías de extinción. Para garantizar una vida digna, los salarios
actuales deberían subir al menos un 50%. Sin embargo, tras el amargo desenlace
de aquella experiencia, parece improbable que un movimiento similar vuelva a
cuajar con éxito.
Y otra de las consecuencias del ascenso de estos grupos de izquierda fue la aparición y consolidación de grupos de extrema derecha.
ResponderEliminarMás de una vez le dije a mi mujer cómo es posible que a estas alturas no haya aparecido en España un grupo de extrema derecha como los que hubo antes.
Lo tenemos crudo.
El poder corrompe.
ResponderEliminarEntre las causas del desinfle, yo pienso que pesan mucho los codazos internos.
ResponderEliminar¿Otro movimiento que encaje entre los "desilusionados"? quizás ya exista y esté tomando auge y representación ya en diferentes parlamentos autonómicos, de momento.
podi-.
Copio y pego nuestra actualidad, Matías, hay cantos de sirenas pero tristes realidades, la clase media va a desaparecer solo quedarán ricos y pobres muy pobres, un abrazo!
ResponderEliminarUna radiografía impecable y dolorosamente real. Es tremendo ver cómo, quince años después, las razones para la indignación son aún mayores pero el desencanto pesa más.
ResponderEliminarUn abrazo, Matias.
Viviamos felices, comiendo incluso perdices, y de repente no se sabe que pasó que la gente se echó al monte y surgieron lideres stalinistas que nos trajeron movimientos de ultraderecha... Uf, que lio... Y los pobres, y los jóvenes, siguen pobres y ya menos jovenes...
ResponderEliminarUn abrazo, amigo