martes, 3 de abril de 2018

Domiciano.



En un pequeño pueblo castellano nacía Domiciano, era el año 1916, (unos tiempos difíciles en la España profunda),  apenas tuvo infancia, a los seis años  ayudaba a su padre en las labores del campo.

Cumplidos los 15, Domiciano comenzó a asistir a  clase nocturna para  mayores, lo hizo durante ocho meses, donde aprendió básicamente a leer y  escribir, esos fueron todos sus estudios.

Pocos años después se incorporó al servicio militar donde permaneció tres largos años, una vez licenciado regresó al pueblo, situación que solo le duró un mes, pues había comenzado la guerra civil y nuevamente fue militarizado, permaneciendo en la guerra  otros tres años.

Terminada la guerra volvió al pueblo a su trabajo, que consistía en una pequeña huerta abandonada y unas gallinas que cuidaba su madre, su padre había fallecido mientras él estaba en el frente

Los años siguientes fueron durísimos para Domiciano, consiguió comprar cuatro ovejas con un dinero que le prestó su tío Arcadio.
Con  las gallinas y algún trueque con la leche  de las ovejas, él y su madre consiguieron una precaria subsistencia.

Dos años después, la situación había mejorado un poco y entabló relación con Dolores, una joven del pueblo que conocía desde la niñez. Pocos meses de relación fueron suficientes, se casaron en la iglesia, pero no hicieron ninguna celebración, aun escaseaban todo tipo de alimentos.

Domiciano y Dolores tuvieron cuatro hijos que ya fueron a la escuela,  el mayor a los doce años  fue a trabajar a la ciudad, a los 23 emigró a Alemania, lo mismo que hicieron unos años después  dos de sus hermanos, el mas pequeño fue a trabajar a Barcelona.

Domiciano y Dolores permanecieron en el pueblo toda su vida, nunca conocieron el mar, ni  siquiera una capital de provincia, ni un cine o teatro, nunca tuvieron luz eléctrica ni agua corriente, era un pueblo que en los años cincuenta solo habitaban doce vecinos, hace ya bastantes años que esta totalmente abandonado y derruido.

Aunque no han pasado tantos años, nos parece que fue un  tiempo muy lejano, cuando nuestros padres y abuelos pasaron todo tipo de penurias. Hoy nuestra calidad de vida es infinitamente superior, sin embargo nos quejamos de casi todo,  los sueldos, las pensiones, la sanidad o la educación; además los políticos en discordia continuada con grescas, ofensas y calumnias en los parlamentos y en muchos casos, creando enemistad y mal ambiente entre los ciudadanos.

24 comentarios:

mjesus dijo...

Que vida complicada la de domiciano
Nos quejamos por todo
un abrazo

Marigem Saldelapuro dijo...

Hola.
Qué vidas tan duras me recuerda a la de mis abuelos, mi abuelo con 13 años ya trabajaba en la mina, y mi suegro con 7 era pastor, tiempos duros de verdad.
Un abrazo.

Laura. M dijo...

Muy cierto Matías. Mirando no tantos años atrás, vivivmos en la opulencia y ni así estamos a gusto.
Muy dura la vida de nuestros abuelos.
Buena noche.
Un abrazo.

Ester dijo...

Lo cierto es que parece un relato de hace muchos años, una vida dura la de los personajes de tu historia. Siempre digo que nunca hemos vivido mejor que ahora, pero algunos quieren mas y lo quieren gratis. Hoy nos has hecho recapacitar y apreciar lo que tenemos. Un abrazo

Rafaela dijo...

Aquellos tiempos eran duros de verdad. Cuantas historias he oído contar como la de tu relato.
Un abrazo.

Macondo dijo...

Parecen batallitas, pero yo no nací tantos años después de que sucedieran.
Un abrazo.

Ildefonso Robledo dijo...

Hasta ahora siempre habia pensado que cualquier tiempo pasado fue peor... Ahora creo que no lo tengo claro. Hoy me parece que se vive peor que hace 20 o 30 años...
Un abrazo, amigo

Marcos dijo...

Nos hemos creado demasiadas falsas necesidades, que siempre nos dejan insatisfechos. A mi padre le pasó lo mismo, terminando la mili llegó la guerra, cinco años militarizado.

CHARO dijo...

Yo para ser sincera no tengo malos recuerdos de pasar necesidades en mi infancia y aunque tampoco teníamos en mi casa todas las cosas que tenemos hoy en día yo creo que teníamos otras cosas que hoy las echo en falta. Hoy tenemos muchas cosas materiales (demasiadas) pero nos faltan una serie de valores que nos impiden vivir mejor, son tiempos demasiado revueltos donde no es posible tener paz y tranquilidad y se vive con cierto temor algo que yo no lo recuerdo ni en mi infancia ni en mi juventud.Saludos

Matías dijo...

Hoy no nos conformamos con lo que tenemos, solo hay que echar la vista atrás, al menos los que vivíamos ya en los años cincuenta.
Gracias por comentar.

Matías dijo...

Si que lo fueron, también trabajé en el campo con 11 años.
Un abrazo.

Matías dijo...

Es cierto, a pesar de la grave crisis que hemos pasado, la vida ha mejorado notablemente.
Un abrazo.

Matías dijo...

Está claro, lo sabemos bien los que vivimos una parte de aquellos años de escasez.
Un abrazo.

Matías dijo...

Nací en los cincuenta, historias parecidas las conocí en la vida real,
Alguna muy cercana.
Un abrazo.

Matías dijo...

En aquellos años hubo muchas historias tan reales como la vida misma. Algunas fueron mucho mas duras.
Un abrazo.

Matías dijo...

Cada persona ha vivido de una u otra forma, yo parte de mi niñez la pase en un pueblo en pleno campo y aquella vida no se la deseo a nadie.
Hace 20 o 30 años ya se vivía de otra forma.
Un abrazo Ildefonso.

Matías dijo...

Hoy la calidad de vida no se parece en nada a la de aquellos años, claro que la de nuestros padres fue mucho peor, ademas de sufrir una guerra.
Un abrazo.

Matías dijo...

Totalmente de acuerdo Charo, hoy se han perdido muchos valores de entonces, nos hemos creado una forma de vida con demasiados caprichos, y por supuesto que la vida se está complicando como consecuencia las malas políticas.
Un abrazo.

Susana A dijo...

Cuąnta razøn tienes. Un beso.

Matías dijo...

Gracias por comentar.
Un abrazo.

Maria De Los Ángeles dijo...

Creo que mis abuelos tampoco vieron el mar ni una gran ciudad. A mi padre le pasó lo mismo que a Domiciano, cuando terminó el servicio militar, lo mandaros a Brunete. Cuando terminó la guerra mis padres se vinieron a Madrid y gracias a Dios y a ellos, mis hermanos y yo pudimos ir a la escuela, es lo que más les agradezco.
Ya hablaremos más adelante de estas cosas.
Un abrazo.

Matías dijo...

Nuestros padres sufrieron aquella guerra donde perdieron todos, también los que nacimos después.
Un abrazo María de los Ángeles.

AMALIA dijo...

Muchas gracias por tu amable visita.
Me ha encantado llegar hasta aquí y leer tu relato tan bueno y lleno de razón.
Y muy reflexivo.
Un abrazo.

Matías dijo...

Gracias por comentar Amalia, me alegra que te haya gustado
Un abrazo.