miércoles, 1 de enero de 2020

Alfredo




Hace tres años que comencé  este blog sin mucho ánimo de continuidad, pero aquí sigo con mis reflexiones, relatos y algunas fotos. Este comienzo de año (sin que sirva de precedente) traigo el primer relato que publique  en el blog en enero de 2017, agradeciendo mucho vuestras visitas y comentarios, a la vez que os deseo un Feliz Año 2020.

  
 A los diez años Alfredo ya ayudaba a su padre en las tareas del campo, trabajo duro para un niño, a los catorce comenzó a trabajar de aprendiz en una fabrica  de cementos, fue entonces cuando  se dio cuenta de  la dureza de la vida, diez horas diarias en el tajo por  quinientas pesetas al mes, un jefe tirano y egoísta que trataba a sus empleados con un despotismo supino que estos soportaban con resignación, era lo que había, encontrar un trabajo en aquel tiempo no era tarea fácil y esos pequeños ingresos eran un soporte para el hogar familiar.

Por aquellos años  ni Alfredo ni sus amigos tenían  idea de políticas, ni de amoríos, aunque a los 17 años comenzaban a tontear con las mozas, eso si, nada de besos ni carantoñas, no eran tiempos de bacanales, se limitaban a dar paseos o ir al cine, pues la paga semanal no le daba ni para ir a la primera discoteca que por aquellos años se inauguró en la ciudad.

A pesar del trabajo en semi esclavitud, los años que precedieron a la mili fueron los más felices, sobre todo cuando comenzó a cortejar a la joven que mas adelante sería su compañera y con la que actualmente convive. Alfredo vivió con intensidad aquellos años donde comenzaba el boom de la música moderna, con nuevos grupos musicales españoles, que  conseguían la fama  grabando esos discos de música simplona y pegadiza con la que lograban  la canción del verano.  También se llenaban los cines con los  western de Clint Eastwood o las comedias de Alfredo Landa, que no destacaban por su calidad, pero rompían las taquillas.

Unos años mas tarde fue llamado a filas, el servicio militar, o la puta mili como la llamaron algunos, donde sería perjudicado en dieciocho meses  y bastantes vejaciones por trescientas  al mes, que no le daban ni para tabaco. 
De la historia mas reciente solo sabía que unos años atrás había habido una guerra de la que nadie hablaba, era como algo tabú, tampoco percibía que vivía en una dictadura, pues era lo único que había conocido.

A los 24 años tras la muerte de su padre,  se hizo cargo de las labores del campo, un  huerto y unos cuantos animales que incrementó con los años y le permitieron vivir modestamente hasta la jubilación.

Hoy Alfredo, es uno de tantos jubilados que recuerda sus vivencias, sus penurias y sus escasas alegrías, reconoce que la calidad de vida ha mejorado notablemente y con su modesta pensión, intenta realizar esos propósitos que nunca pudo en el pasado.