miércoles, 13 de septiembre de 2017

Vida rota


Juan Luis se despertó a las 11, en ese momento ya estaba en el nuevo trabajo, ya no tenía que madrugar, “que suerte vivir tan cerca del trabajo”.

Hace casi dos años tomaba un autobús, luego el metro, después otro autobús, total hora y media de carreras, agobios y empujones hasta llegar al trabajo, una vez allí le esperaba su jefe, un señor con bigote y cara de pocos amigos, que le daba la bienvenida con algún rapapolvo sin venir a cuento.

Este individuo, lo tenia todo el día amargado, no cesaba de amenazarlo con el despido, además a menudo le recordaba que el día que le despidiera, tenía veinte esperando para trabajar por la mitad de su sueldo. Un día que estaba Juan Luis con el paso cambiado, reventó, se acordó de alguien de su familia, creo que le sentó un poco mal, porque le dijo que recogiera sus cosas y pasara por la oficina.

A primera hora del día siguiente estaba en la oficina de empleo, después de dos horas en la fila le dijeron amablemente que tenía derecho a seis meses de paro.

Con la prestación cobraba la mitad de lo que ganaba trabajando, por lo que tuvo que arrimar parte de sus míseros ahorros para comer y pagar el alquiler.

Finiquitada la prestación comenzó a cavilar como se las arreglaría, o pagaba el alquiler o comía, claro, optó por la comida, aunque fuera escasa, podía llenar el buche.

Como suponía, en unos meses su casero le puso de patitas en la calle, comenzando a deambular hasta que llegó donde se encuentra, un lugar maravilloso, donde no son necesarios medios de transporte, eso si, el metro lo tiene en la puerta, y está en contacto continuo con el público, hay días buenos que puede obtener hasta 20 € sin mover un músculo, no es mucho, pero con un par de bocatas y un par de bric de tintorro va pasando sus alegres días.

Como decía al principio, se despertaba y ya estaba en el nuevo curro, además como vive allí, tiene derechos adquiridos, no le manda ningún energúmeno, ni tampoco le pueden despedir.


A veces piensa en el tiempo malgastado desde que comenzó en el colegio, hasta que terminó con ilusión la carrera de empresariales, casi 20 años estudiando, para ver como pasan los días, eso si, con mucho tiempo para pensar, en lo que pudo haber sido y no fue.

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La mayoría de los mendigos, han tenido otra vida mas digna,  en cualquier lugar de nuestras ciudades puedes encontrar historias como esta.

11 comentarios:

Ester dijo...

Es cierto, todos tienen su historia de porque llegaron a esa situación y no resulta fácil salir de ella. Un abrazo

Tesa Medina dijo...

Siempre que veo un mendigo, me pregunto qué le habrá llevado a la calle. la desesperanza, quizá, y por supuesto que como el de tu historia, Matías, todos y todas han tenido otras vidas, nos soprenderíamos si llegáramos a saberlas.

Un excelente relato de una realidad que tenemos ante nuestros ojos cada día.

En mi barrio, Arganzuela, hay ya muchas personas que viven en la calle, y cada vez más. Y como dice Ester, no es fácil salir de ahí una vez te has acostumbrado a ser invisible y a sobrevivir sin más.

Un beso,

Maria De Los Ángeles dijo...

Yo también se algún caso de mendigos cultos, no todos son analfabetos. Analfabeta es la sociedad que no sabe reparar, cuidar y dar trabajo a los que lo solicitan, ya sean empresarios venidos a menos, ingenieros, periodistas, que también los hay...Los gobernantes tenían que pensar un poco en ellos.
Un abrazo

mjesus dijo...

Es complicado estar en situacion de calle, y o mismo que no sabemos que pasara mañana, no sabemos nada de nada
Vivir es un peligro, porque es mortal
un abrazo

Macondo dijo...

Salir de Guatemala para meterte en Guatepeor.
Un abrazo.

luismi dijo...

Son casos que parecen extraordinarios pero que se dan más habitualmente de lo que pensamos. Personas que nunca diríamos que pudieran acabar así, pero a las que la vida les da de lleno donde más duele. Ojalá llegará un día en el que no tengamos que hablar de estas cosas.

Un abrazo

Chesana dijo...

No hace tanto yo estuve en ese límite que si lo cruzas te ves como el protagonista de tu historia, y no es posible contar la angustia que sientes al no saber qué hacer para evitarlo. ¿Qué me salvó?: que tenía mi casa pagada. Me encerré en ella y alargué hasta límites insospechados lo que tenía en casa para comer. Coincidió con el diagnóstico del cáncer, así que imagina...

Un abrazo.

Maru dijo...

"La mayoría de los mendigos, han tenido otra vida mas digna, en cualquier lugar de nuestras ciudades puedes encontrar historias como esta". Tremenda y cruda realidad que expones con cierto sentido del humor que es vitalmente necesario, pues sin él no sé cómo sobreviviríamos en medio de este caos. Gracias por pasarte por mi blog, lo que me ha dado la oportunidad de conocer el tuyo y me alegro, volveré!. Un saludo muy afectuoso.

Matías dijo...

Muy agradecido por pasaros y dejar vuestros comentarios.
Abrazos.

María Pilar dijo...

Triste realidad que hace unos años empezó a verse por nuestras ciudades y ya no ha desaparecido.
Saludos, Matías

Dyhego dijo...

Maldito gobierno que deja a su gente a la intemperie.