jueves, 27 de abril de 2017

Lunes de Aguas.

El pasado lunes en Salamanca fue el Lunes de Aguas, una festividad que se caracteriza por salir al campo a merendar.
Es una fiesta que data del siglo XVI, al parecer en aquellos tiempos la Universidad de Salamanca estaba repleta de estudiantes, la mayoría procedentes de otros lugares de la península.

Según cuentan los historiadores, en aquella ciudad  había un jolgorio y un desenfreno descomunal, con muchas casas de citas y una barriada donde las prostitutas se ganaban su sustento.

A Felipe II no le agradó tanta depravación y promulgó un edicto para que durante el tiempo de Cuaresma todas las prostitutas fueran enviadas al Arrabal,  un barrio situado al otro lado del Río Tormes, prohibiendo que se acercaran a menos de una legua de la ciudad.

Terminada la Cuaresma, el lunes siguiente después de Semana Santa los estudiantes y otras gentes organizaban una gran fiesta y el regreso de las meretrices, que recogían con barcas para cruzar el río hacia la ciudad.

En la actualidad en la provincia de Salamanca se celebra la fiesta del Lunes de Aguas, comienza a las 15 horas y consiste en meriendas campestres con el Hornazo, una vianda típica salmantina que consiste en lomo, chorizo y huevo duro.


De aquellos tiempos proviene la frase “estar como las putas en Cuaresma”, un tiempo que se quedaban como el otro dicho “ a dos velas”.

viernes, 21 de abril de 2017

Día de descanso.

Hoy no tenía nada que hacer hasta las doce, me levanto temprano porque duermo poco, me preparo mi primer café y salgo al patio para ver el día que hace.
Me llama mi hijo para que le deje el coche, el suyo no le arrancaba, mala suerte la mía, había quedado con unos amigos para ir al campo. Llame a Fermín para decirle que hoy no podía ir, que fueran ellos solos.

Como la mañana es larga enciendo la tele,  noticias, cambio el canal, la princesa del pueblo, sigo, masacre en Afganistan, cansado de darle al mando la apago y enciendo el PC. Reviso mi correo y la mísera cuenta del banco para ver si sigue ahí, también las únicas acciones que poseo, doscientas que compre cuando empezó la crisis a 18,40 y ahora están a 3,20, mala suerte la mía hoy también caen.

Aburrido vuelvo al salón, pongo otra vez la tele, La Sexta, la mañana promete, veo que han detenido a alguien  importante y como siempre el primero el cámara para la exclusiva, no dicen nada nuevo,  van a los registros y  la tele la primera, casi antes que la Benemérita. Como esas historias ya me las sé, llevan nueve años machacando con lo mismo, cambio a La Cuatro, “casualidad” mas corrupción, también su corresponsal in situ, en todo el meollo.

Aburrido salgo a que me de el aire, me encuentro a Fabián, un vecino que enviudó hace un mes, le pregunto ¿Qué tal?, me dice que le han despedido por faltar diez días al trabajo, me comenta que con sesenta años donde va a ir, le doy ánimos y me despido.


Como es la hora de comer voy a casa Félix, me beneficio con un cocido madrileño que me dejó agotáo,  fue lo mejor de la mañana. Como había dormido poco decidí no pasar mas malos ratos y me tomé una buena siesta.  

lunes, 17 de abril de 2017

Mis primeros diez.

En un pequeño pueblo de la España profunda, mes de Septiembre de 1957, todavía eran años de hambre, mis hermanos me habían hablado ya de la escuela, pero no  imaginaba lo mal que lo iba a pasar en aquel lugar.

La escuela era una planta baja de una edificación antigua rectangular, diáfana de unos ciento cincuenta metros, los mas pequeños nos sentábamos en unos bancos corridos en la parte delantera, detrás había pupitres donde se sentaban escalonadamente los mayores, desde los siete hasta los catorce años, aunque en muchos casos los padres los sacaban de la escuela  antes para enviarlos al trabajo en el campo. 

El maestro era un personaje terrible que se pasaba las clases sacudiendo con una vara a los alumnos, en muchas ocasiones con un ensañamiento descomunal, aplicando a la perfección el dicho (la letra con sangre entra),  

Utilizábamos una sola enciclopedia para todos, donde venían todas las materias, los mas pequeños comenzábamos a escribir en una pequeña pizarra, los mayores utilizaban una pluma que mojaban en un tintero y un cuaderno con líneas paralelas para introducir el texto.

Las clases eran de Lunes a Sábado en horario de mañana y tarde, recorriendo a pié los dos viajes de ida y vuelta, unos 12 kilómetros diarios, menos los Jueves por la tarde que no había clase.

A las 11 de la mañana salíamos al recreo donde nos poníamos en fila para recibir un vaso de leche en polvo,  Al terminar  la clase por la tarde salíamos en fila para recibir una pequeña cuña de queso, años después me enteré que estos productos fueron una ayuda alimenticia norteamericana.

Tengo malos recuerdos de aquella escuela, por suerte solo fueron tres años, los siguientes fueron en una escuela en la ciudad donde el trato mejoró bastante, aunque a los maestros de vez en cuando también se les escapaba una guantá. Allí obtuve  el certificado de estudios primarios, para pasar seguidamente al instituto de enseñanza media.

Fueron mis primeros diez años, no se olvidan, quedaron marcados para siempre.