miércoles, 16 de enero de 2019

Las cotorras


Se cree que las llamadas cotorras argentinas comenzaron a llegar a España como mascotas, pero cuando se cansaban de sus molestias y graznidos las echaban a volar, llegando en pocos años a producir la invasión actual.

En Madrid se instalaron inicialmente en la Casa de Campo, para extenderse rápidamente a otros parques madrileños y a la mayor parte de nuestra comunidad. Son animales que se reproducen con mucha facilidad en esos  enormes nidos construidos en los árboles, ocasionando un perjuicio al medio ambiente y a las aves autóctonas.

No se que solución tendrá este problema, pero dado el numero actual de estas aves invasoras y los perjuicios que ocasionan,  será imprescindible una actuación municipal o estatal para su control, claro que no será fácil, teniendo en  cuenta que en los últimos tiempos están los animalistas con la piel demasiado fina. 

jueves, 10 de enero de 2019

El Loro

Un poco de humor para comenzar el año.




Su única compañía eran unos gallos de pelea para apuestas clandestinas,  pero tenía  la ilusión de tener un loro que le  hablara,  y decidió acercarse a la pajarería.

- Buenos días, quería comprar un loro parlante para enseñarle algunas palabras y me haga un poco de compañía.
- Solo tengo este que trajeron ayer no se si hablará, cuesta 300.-
- Me parece un poco caro, pero me lo llevo.

Al día siguiente comenzó a decirle palabras al loro, pero este ni caso, pasó una semana y el loro no había dicho ni pío.

Decidió hablarle en tono mas cariñoso  - Habla lorito -   - habla lorito -,  pero nada, pasó otra semana y el loro no decía ni una palabra.

Un día muy enfadado cogió con las dos manos al loro por el cuello gritándole:  ¡di algo desgraciado!  ¡di algo desgraciado!, pero el loro no decía  absolutamente nada.  Esa noche  muy enfadado,  lo tiró  en la nave de los gallos de pelea para que dieran cuenta de el.

A la mañana siguiente fue a la nave de los gallos a ver que  habían hecho con el loro, la sorpresa fue mayúscula, estaban todos los gallos muertos menos uno,  al último lo tenía cogido por el cuello diciéndole  ¡di algo desgraciado!  ¡di algo desgraciado!.