Miguel con 12 años comenzó vendiendo
prensa en una calle de paso en la gran
ciudad, ya en su juventud tenía una caja de madera alargada donde tenía los
periódicos mas importantes, no le iba mal, pero los beneficios eran escasos.
En los años setenta solicitó
un kiosko al ayuntamiento sin resultado,
hasta que uno de sus clientes que le conocía desde niño le ayudó a conseguirlo.
Fueron unos años trabajando doce horas diarias para mantener a su familia, viviendo modestamente, siempre a expensas de
las crisis que llegaban cada pocos años,
sufriendo caídas importantes en las ventas.
Lo peor llegó cuando
apareció la prensa gratuita, comenzaron a aparecer a poca distancia de su
kiosco varios jóvenes repartiendo gratis unos diarios con pocas páginas, pero
con las principales noticias. En poco tiempo las ventas cayeron un treinta por ciento. Miguel comenzó a
reducir gastos y así consiguió mantener el negocio.
Entrado el nuevo siglo las
nuevas tecnologías comenzaron a crecer a paso de gigante, llegando a nuestros
días donde casi todos manejamos los nuevos teléfonos que nos informan al minuto
de todo lo que ocurre en el mundo.
Miguel ha echado el cierre a su kiosko de prensa, han sido casi cincuenta
años levantándose a las cinco de la mañana para terminar arruinado, a sus
sesenta años no sabe como vivirá hasta poder cobrar la jubilación.
Son muchos los kioscos de prensa que están cerrando, es triste, pero parece que la prensa de papel tiene
los días contados.