lunes, 1 de junio de 2026

Junio

 

Me encuentro entre ese amplio grupo de ciudadanos que hoy nos sentimos políticamente huérfanos. Hace ya demasiados años que los partidos decidieron dinamitar el centro político para refugiarse en la radicalización y la polarización. Asistimos a un espectáculo público donde el respeto mutuo ha desaparecido; la confrontación violenta de discursos ha sustituido al debate de ideas. 

Es alarmante ver cómo, para muchos de nuestros gobernantes, la ambición y el beneficio económico inmediato pesan más que el propio temor a la deshonra o a una pena de prisión. Si las futuras generaciones no toman las riendas para regenerar el sistema mediante leyes firmes que pongan freno a estos desmanes, caminaran hacia un callejón sin salida. 

Quienes ya hemos recorrido muchas etapas de la vida sabemos bien que la condición humana alberga una preocupante capacidad para el egoísmo y la maldad cuando no existen límites institucionales. Por eso, el gran desafío del futuro próximo no será solo votar, sino aprender a elegir con criterio, exigencia y memoria a quienes pretendan dirigir nuestros destinos.

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